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A través de los siglos, la mano de obra del tabaco ha sido especializada, pues siempre ha sido muy familiar, de abuelos, padres e hijos; que son capaces de cultivar una extensión de tierra con las atenciones que requiere esta planta desde el semillero hasta la recogida, desde la fermentación de la hoja hasta la entrega a la industria para ser procesada y convertida en el más fino cigarro, para el disfrute y el placer de una buena fumada.
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